Tierras sagradas devueltas a los aborígenes Mapuches
El 20 de abril, se conmemora el día del Aborigen Americano.
A modo de reconocimiento rescatamos hoy para Uds. una historia emocionante
con final feliz: la recuperación por parte de los mapuches
de Ñorquinco de su Rehue, tótem sagrado que se encuentra
en medio del Parque Nacional Lanín, en la Provincia de Neuquén.
Dentro
de la seccional Ñorquinco, del
Parque Nacional Lanín, se encuentra un rewe o rehue que
tradicionalmente perteneció a la comunidad mapuche que habitaba
esas tierras. En los años 40, con la constitución
de Parques Nacionales, los indios fueron desalojados de sus territorios,
sus casas fueron derribadas y sus pertenencias quemadas. Como
para que no quedaran dudas de quién era el nuevo "dueño"
de esos paradisíacos lugares.
"Un día vino el señor Parques, y nos tiró
las 'rucas' y nos quemó las casas" contaba Doña
Rosa Catrileo hace pocos años. Todavía parecía
verse en sus ojos el resplandor de las llamas y el gesto de desesperación
frente a lo incomprensible: alguien o algo desconocido, el "Señor
Parques" según ella, los despojaba de aquello que por
siempre había sido de ellos.
Claro que la noción de propiedad tiene para los mapuches,
para su modo de entender el mundo, un significado muy distinto del
que le damos los supuestamente "civilizados" hombres blancos.
En su cosmovisión, el hombre y la naturaleza forman una unidad,
el hombre es parte de la naturaleza, no la posee sino que participa
de ella. Este pedacito de tierra en el mundo era su tierra y
ellos eran de esa tierra.
"No pedimos que nos devuelvan el Rewe, sólo queremos
volver a ser parte de él", dijo hace muy poco una joven
mapuche en medio de una de las reuniones en las que se trataba con
la Administración de Parques Nacionales la posibilidad de
la restitución de los territorios a los indios. Y ninguna
frase expresa más claramente esta idea de pertenencia.
Por eso, justamente, el desarraigo que provocó la expulsión
que sufrieron los diezmó, los enajenó e hizo que muchos
ya no pudieran volver.
Pero algunos quedaron. Y los que quedaron nunca olvidaron a
su Rehue, el único lugar apropiado para realizar las rogativas
a Nguenechén, el dios de los mapuches. Porque 'Rehue' quiere
decir eso "lugar puro, lugar genuino".
Algunos no sólo se quedaron y recordaron, sino que también
lucharon, se unieron, reclamaron. Y finalmente lo consiguieron.
El 14 de agosto del año 2000 los mapuches de Ñorquinco,
en una emotiva ceremonia, recibieron de manos de Parques Nacionales
nuevamente la posesión de las tierras donde desde tiempos
inmemoriales se encuentra ubicado el Rehue, que misteriosamente,
o gracias a la energía y fuerza sagrada que irradia, según
los mapuches, sobrevivió a incendios y toda clase de calamidades.
¿Qué es el Rehue?
El rehue es un tótem tallado en un viejo tronco de ciprés,
con una figura antropomorfa, algo muy raro ya que sólo hay
unos pocos con características similares en Chile. Mide aproximadamente
185 cm. de altura. Se encuentra en una "pampa" o espacio
abierto en medio del bosque, sobre las laderas de la cordillera
de los Andes, muy cerca del límite con Chile. El lugar está
limitado por un bosque de pehuén o araucaria, un arroyo al
oeste y la bajada de la barda al norte. La talla de madera mira
hacia el este desde el centro de una suave hondonada.
En lengua mapuche "re" significa "puro" o "genuino"
y "hue" que quiere decir "lugar" o "paradero".
En este lugar se celebraba antiguamente el Nguillatún o Camaruco,
ceremonia anual en la que el pueblo mapuche efectúa la rogativa
a su dios para pedirle diversos favores, como el fin de la sequía,
las pestes o las lluvias excesivas.
El último Nguillatún que se celebró en Ñorquinco
fue en el año 1934 ó 1935, año que coincide
con la creación del Parque Nacional Lanín. Uno de
los objetivos que perseguían los mapuches con la restitución
de estas tierras es poder volver a celebrar esta ceremonia en el
lugar apropiado.
La ceremonia de entrega de las tierras
¿Cómo describir lo que reflejaban los rostros de
los mapuches presentes el 14 de agosto de 2000, a 1800 metros de
altura, frente a su Rehue y a punto de recibir más de 700
hectáreas de tierras que les pertenecieron?
Había alegría, pero también bronca. Risas
y llantos. Agradecimientos y reproches.
"Hay tanta historia para reparar... Esto no va a curar el
dolor, pero pone por delante un futuro distinto para este pueblo
esplendoroso" dijo el funcionario a cargo de la Administración
de Parques Nacionales que concurrió al lugar para efectuar
la entrega.
"Esta es una batalla que termina, pero no es la última.
Vamos a seguir reclamando lo que nos pertenece" dijo un dirigente
de las comunidades mapuches. Y les agradeció especialmente
a las autoridades el haberse acercado hasta allí para realizar
el traspaso, y en especial al vicegobernador de la provincia de
Neuquén, un hombre que habla la lengua mapuche casi tan bien
como los caciques más viejos.
Hubo discursos en mapuche y en castellano, y la fiesta empezó
a llenarse de los sonidos de las trutrucas y los cultrunes que hacían
vibrar los más jóvenes.
Rosa Catrileo ya no está para ver este milagro, pero Laura,
una descendiente suya, miraba a su alrededor con incontenible emoción:
"Son mis abuelos los que están escuchando". Y
señaló una ladera donde está el cementerio
de sus ancestros. Ahora ella sabe que, dentro de muchos años,
sus restos también podrán quedarse para siempre en
este pedacito de mundo, su mundo.
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