El Camino de los 7 Lagos en bicicleta
Nuestro colaborador, Sergio Berman, nos cuenta en esta nota su
maravillosa experiencia, en medio de lagos y bosques, a bordo de
una buena bicicleta. Y nos invita a probarla...
Los
paisajes de la Patagonia deslumbran a quien los recorra. Existen
muchas formas de admirarlos y quizá la más hermosa
es hacer con la bici el Camino de los Siete Lagos, que une San
Martín de los Andes con Villa
La Angostura en 112 kilómetros, mitad asfalto, mitad
ripio.
La travesía invita a conocer siete de los más hermosos
espejos de agua del Sur Argentino. Aquí va el relato de la
que me tocó vivir en compañía de unos amigos:
Luego de dormir en San Martín de los Andes, pedaleamos hasta
el lago Lácar, situado junto a la ciudad. El siguiente
paso exige usar el plato chico y el piñón grande ya
que siguen algunas subidas pronunciadas. Bajo la luz de la luna
y en compañía del Arroyo Partido pasamos la primera
noche.
El segundo día amaneció con un cielo totalmente
celeste, enorme, nos subimos a las bicis y, luego de aprovechar
algunas bajadas en las que alcanzamos los 60 kilómetros/hora,
hicimos un descanso breve pero necesario en el Arroyo Hermoso. Después
seguimos.
Ya
en el kilómetro 32 nos reciben las aguas verdes del Machónico
y, poco más adelante, se muestra el Lago Hermoso que, aunque
ajeno al circuito, no en vano tiene ese nombre. Sin salir del asombro
generado por él, nos encontramos con dos lagos espectaculares,
uno frente a otro: el Falkner y el Villarino. Allí se despide
el Parque Nacional Lanín y nos abre sus puertas el Nahuel
Huapi, donde hay un punto panorámico con una vista asombrosa.
También aquí dejamos atrás el asfalto que nos
acompañó esta primera mitad del camino.
Tierra abajo, bosque en los costados, montaña arriba. Desde
allí, el lago Escondido ya nos puede ver, aunque nosotros
debamos avanzar casi un kilómetro para bañarnos en
sus aguas. El próximo es el Pichi Traful, al que llegamos
inducidos por una bajada con curvas y contracurvas. Allí
pasamos la segunda noche.
La llovizna matinal nos alentó a armar nuestro equipaje
en tiempo récord y a pedalear velozmente 21 kilómetros
hasta llegar al desvío a Villa Traful. Una impresionante
panorámica presenta al Lago Correntoso, enorme espejo de
agua que se deja ver desde tres ópticas. Al costado de la
ruta hay un camino que lleva al Espejo Chico que tampoco forma parte
del circuito pero debería. Avanzamos por este camino, almorzamos
en la costa y nos preparamos para conocer el último lago,
el padre: el Espejo. En verano, este lugar reúne a muchos
aficionados a los deportes acuáticos como ski, wakeboard
y windsurf.
Sólo restan 10 kilómetros para arribar a Villa La
Angostura, que se hacen por asfalto y a velocidad normal. Para despedirnos,
visitamos el puerto, Bahía Manzano y el Cerro
Bayo, que son imperdibles. Y pensamos que sin las bicis, esta
travesía habría sido apenas un viaje como otros.
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